COVID-19: Preparación y respuesta educativa

A medida que el COVID-19 crece en América Latina y el Caribe, la gran mayoría de Ministerios de Educación progresivamente han decidido cerrar las instituciones educativas en los niveles de preescolar, primaria y secundaria. Como resultado, se estima que más de 159 millones de niños, niñas y adolescentes[1] se han visto afectados, lo que representa más del 95 por ciento de los alumnos matriculados en la región.

Si bien la duración del cierre de centros educativos aún es incierta, una interrupción prolongada del proceso educativo puede tener serias consecuencias: los estudiantes corren el riesgo de retrasar mucho su aprendizaje y aquellos que ya eran vulnerables tal vez nunca vuelvan a la escuela. Además, el cierre de escuelas también supone la interrupción de otros servicios básicos importantes que son suministrados en ellas, como: salud, alimentación escolar, agua, saneamiento, higiene, programas recreativos, actividades extracurriculares y apoyo psicosocial.

Principales retos

  • Acceso limitado de los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a plataformas educativas digitales.
  • Falta de herramientas para monitorear/evaluar el progreso de los resultados del aprendizaje.
  • Países sin un Plan de Estudios Nacional enfrentan desafíos para armonizar el currículo y el monitoreo.
  • Falta de contenido adaptado a niños, niñas y adolescentes con discapacidad, indígenas y migrantes.
  • Limitados conocimientos y capacidades de los docentes sobre plataformas virtuales y recursos de educación a distancia.
  • Brecha de equidad tecnológica entre las ciudades y las áreas rurales de los países.
  • Limitadas iniciativas offline para responder a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables sin acceso a internet.
  • Falta de materiales educativos culturalmente sensibles y adaptados a los idiomas que se hablan en la región.

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